¿Por qué los seres humanos nos
creemos superiores?, ¿porque tenemos raciocinio? De ser así, el valor de las personas
se mediría por su capacidad de razonar y caeríamos en el absurdo de clasificar
a los seres humanos...Todos sabemos que han hecho ciertos personajes con esas ideas estúpidas.
Esta inquietud me surgió después
de leer el artículo de Leonardo Boff titulado: Constitucionalismo Ecológico en América Latina,
en el cual como punto inicial señaló que nuestras sociedades y particularmente
el Estado, se han construido entorno a una perspectiva antropocéntrica y su
norma fundamental (la Constitución) se establece en base a estos principios, excluyendo
el derecho y la importancia del resto de seres vivos y el de nuestra
Madre Tierra o Pachamama.
“No considerar que cada ser posee un valor intrínseco, independiente de
su uso humano, uso racional, y que es portador del derecho de existir dentro
del mismo hábitat común, el planeta Tierra, abrió el camino a que la naturaleza
fuese tratada como mero objeto a ser explotado sin ninguna otra consideración,
en algunos casos hasta su agotamiento.” Leonardo Boff.
Desde la ventana de mi
trabajo, oigo gritos que apoyan a una mujer que semanas atrás, solicitó a la Sala de lo Constitucional la autorización para que le puedan prácticar un aborto terapéutico; tema que no quiero discutir en esta entrada porque no es
el punto. Sin embargo, sobre la situación de esta joven todos opinan, las ONGs
saltan, todos tienen su punto de vista y todos tienen la razón (yo me incluyo en estas discusiones
estériles). Las opiniones oscilan desde el respeto a la vida del feto, hasta el
respeto a la vida de la mujer embarazada; mi pregunta es ¿por qué únicamente discutimos
con esta pasión temas relacionados con la vida humana y no con temas
relacionado con nuestro planeta y todas las especies que al igual que nosotros, habitan en ella?
Los seres humanos somos extraños,
nos creemos superiores, omnipotentes y ajenos al mundo natural; hasta lo vemos
con desprecio. Hacemos caso omiso de todas esas señales que la naturaleza nos
da y que nos demuestran que somo vulnerables, tanto o talvez más que los
animales que han aprendido a respetar a la Tierra y escuchar o sentir sus
señales y advertencias.
He creido, desde una perspectiva antropocéntrica, que primero teníamos
que aprender a amarnos a nosotros como especie, para experimentar el amor
hacia los demás seres vivos. Ahora tengo mis dudas sobre esa hipótesis, me
atrevería a decir que no es posible intentar amar a nuestra especie y mirar de
menos al resto, pues realmente somos lo mismo: seres vivos.
Se me ocurre ahora que talvez
sería más eficiente: Primero que amemos y respetemos a la Tierra pues ella nos sostiene, de ella dependemos y ella nos permite habitarla, somos los microbitos de todo su Ser y si la amamos,
veremos con otros ojos al resto de seres vivos que la habitan, incluso a mi prójimo.
Si nos aislamos de la naturaleza,
consecuentemente nos aislamos de nosotros mismos y percibiremos al vecino como un ser extraño y que está ahí como un medio para algo,
olvidando que esa persona al igual que uno, que un perro, mis padres e hijos, un delfín, un pez, una
gallina, un pez, es un cosmos,
una vida y que formamos parte de una Pachamama
para quien todos tenemos el mismo valor.
¿Que opinan?